-¡GWEN!¡No te permito que me hables en ese tono!
-¡Déjame en paz!-Estaba tan enfadada que abrí la puerta y corrí hacia el bosque, mientras mi madre gritaba mi nombre. Me interné en el bosque y me senté al pie de un árbol y me puse a llorar. Me sentía mal por haber discutido con mi madre y encima por una tontería Me quedé allí un buen rato pensando y entonces empecé a escuchar voces, voces dulces y armoniosas.
Me levanté de un salto y miré a mi alrededor buscando la procedencia de aquel dulce sonido. Allí no había nadie y me di cuenta de que eran los árboles los que cantaban, el viento al pasar entre sus rama producía aquel sonido. Cuando me quise dar cuenta me estaba quedando dormida, al momento , se me nublaron los sentidos.
Cuando desperté, seguía allí, al pie del árbol, pero ya no estaba sola. A pocos metros de mi había una criatura de unos grandes ojos anaranjados, dientes afilados, y de enorme estatura. Quise gritar pero no pude. No podía moverme, la mirada de aquel monstruo me tenía paralizada. En aquel momento un haz de luz iluminó el bosque. Cuando abrí los ojos, la horrible criatura había desaparecido. En su lugar había una muchacha de rasgos dulces, pero no parecía humana.
Una voz en mi cabeza dijo:
-Hola Gwen, me llamo Arguen, y como podrás ver soy un hada. Tienes que salir de aquí, te están buscando. He conseguido matar a uno pero no podré matarlos a todos.
-¿Todos? Pero que quieren de mi, si solo soy una niña de 14 años.
- Supongo que tu madre no te habrá contado nada...bueno pues no, no eres solo una niña de 14 años, eres mucho mas que eso. Eres una maga muy poderosa y ellos quieren tu poder.
- Pero, ¿cómo...?
-Ahora corre, vete a casa. Yo puedo entretenerlos, pero no por mucho tiempo. Ya me pondré en contacto contigo y te lo explicaré todo con más calma. Ahora vete, ¡RÁPIDO!.